Rescatado del infierno

Nicky Cruz junto a David Wilkerson

Nicky solo tenía 3 años y medio cuando su corazón se convirtió en piedra. Proveniente de una familia de 18 hijos cuyos padres, originarios de Puerto Rico, practicaban la brujería, Nicky creció en un ambiente donde el derramamiento de sangre y la violencia eran comunes. Sus padres lo sometieron a graves abusos físicos y espirituales. En una ocasión su madre lo declaró “hijo de satanás” mientras estaba en un trance espiritual.
Cuando tenía 15 años, el padre de Nicky lo mandó a Nueva York a visitar a uno de sus hermanos mayores. El no se quedo allí por mucho tiempo. En cambio, lleno de ira y rabia, decidió irse a vivir por su cuenta.

Fuerte pero solitario, a la edad de 16 años se convirtió en miembro de la notoria pandilla de la calle Brooklyn conocida como los Maus Maus (llamada así en honor a una sanguinaria tribu Africana). A los seis meses de estar en esta pandilla, Nicky se convirtió en su presidente. Sin temor alguno, Cruz estuvo al mando de las calles como jefe de una de las pandillas mas temidas por sus rivales y la policía.

Perdido en el ciclo de las drogas, el alcohol y la violencia brutal, su vida tomó un trágico desvío: un amigo y miembro de su pandilla fue horriblemente golpeado y apuñalado y murió en sus brazos.
A medida que la reputación de Cruz aumentaba, también aumentaban pesadillas que constantemente le perseguían.
Luego de ser arrestado en innumerables ocasiones, un psiquiatra enviado por la corte declaró que el destino de Cruz era ir “directo a la prisión, la silla eléctrica y el infierno”. 

Ninguna figura de autoridad podía llegar al corazón de Nicky Cruz – hasta el día que se encontró a un flaco predicador de la calle llamado David Wilkerson-. El desarmó a Nicky mostrándole algo que nunca antes había conocido: “Amor incesante”. Su interés en el joven pandillero fue persistente. Nicky lo golpeó, escupió y en una ocasión lo amenazó seriamente con quitarle la vida. En medio de todo esto, el amor de Dios permaneció más fuerte que cualquier adversario que Nicky hubiera enfrentado en su vida.
Finalmente, la presentación de Wilkerson del mensaje del evangelio y el amor de Jesús derritieron los gruesos muros del corazón de Nicky. El recibió el perdón, el amor y la nueva vida que solo viene a través de Jesús.

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Desde ese momento, Nicky ha dedicado su vida a ayudar a otros a encontrar esa misma libertad. Nicky alcanza a la juventud de hoy porque él puede entender de donde vienen, confían en su autoridad de grupo y responden al mensaje de esperanza que el transmite, tanto con pasión como con convicción. Como dijo un muchacho después de una cruzada en su barrio: “todo lo que yo sabía es que él era un P.O. (pandillero original) y que iba a tener una gran reunión esa noche”. (Para leer el impresionante y completo testimonio de Nicky, ordene su copia de Corre, Nicky, Corre)